
Un líder dentro de una sociedad de constantes
cambios es indispensable, para ellos debemos iniciar por definir que es o
debería ser un líder, pero la mayor parte de dichas definiciones se enfocan al
ámbito empresarial u organizacional, sin tomar en cuenta el desarrollo humano
como parte de la formación de un líder. Tenemos entonces que considerar que los
primeros encuentros con el liderazgo se tienen en la familia; los primeros dirigentes,
buenos o malos, son los padres, cuya relación mutua inculca valores, estilos y
estrategias, impulsan actividades y ponen límites de conducta. Posteriormente
el individuo entra en el sistema escolar, donde los maestros dirigen a sus
alumnos, tratando de potencializar sus habilidades, para que posteriormente
sean de ayuda en la elección de una profesión u oficio.
Los gobiernos, las autoridades educativas y la
sociedad exigen líderes y personas integrales, pero eso no se logra sin tener
en las aulas líderes; las corrientes educativas que actualmente están adoptando
los sectores educativos, están encaminadas a que el papel del profesor sea
más activo dentro del aula. Tenemos personas que imponen, mandan y ordenan a
veces sin la mínima pizca de sentido común y lo peor sin los mínimos
conocimientos de lo que debería ser la educación. En la educación se tienen
hombres y mujeres con poder y autoridad, pero hay escasos líderes.
La diferencia entre docente y líder pedagógico
radica en el origen de la autoridad de cada uno, ya que ella constituye la
premisa de la relación dominio. La autoridad del docente proviene de los niveles superiores en la institución
educativa, en relación con el nivel que ocupa respecto a los estudiantes. La
autoridad del líder pedagógico proviene siempre de los estudiantes con los
cuales interactúa y con quienes comparte su posición, normas y valores. Por lo que entonces nos encontramos con que la figura más aceptable para hacer
agradable el proceso enseñanza – aprendizaje es la del líder pedagógico.
El liderazgo educativo es la capacidad de articular,
conceptualizar, crear y promover espacios y posibilidades para un cambio
crítico y efectivo de las condiciones que inhiben el mejoramiento de todos y
para todos. El líder educativo es aquél que tiene la habilidad, en un sentido de
problematizar prácticas y propuestas de reformas que son dadas por sentadas,
que no son cuestionadas, y que presentan muchas veces lógicas internas basadas
en principios que si bien mantienen una ilusión científica, tienden a
generalizar supuestas soluciones, ignorando la complejidad de las condiciones
locales, contextuales y contingentes.
El líder educativo debe ser también, un visionario
que sueña solo y con otros, un pragmatista que evalúa con cuidado las
consecuencias de sus acciones. Debe tener un hábito indagador, investigador,
debe ser un constante estudioso de la escolarización, de la enseñanza y del
aprendizaje, con un espíritu aventurero y una actitud humilde. Un líder
educativo en el nuevo milenio es, en esencia, un practicante sofisticado. Un
buen liderazgo demanda la creación de condiciones que aseguren una
participación amplia, constante y prolongada. Esto incluye respeto, escuchar,
intercambio, posibilidad de que todos enuncien sus perspectivas eliminando lo
más posible las diferencias que surgen por razones de edad, de género, de nivel
educativo, de cultura, de etnia, de habilidad, entre otros aspectos.
La gran fuerza de los docentes es la del ejemplo que
dan al manifestar su curiosidad y su apertura de espíritu, y mostrarse
dispuestos a someter a la prueba de los hechos sus hipótesis e incluso a
reconocer sus errores. Su cometido ante todo es el de transmitir la afición al
estudio. Por lo que eso los convierte en líderes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario